jueves, 25 de diciembre de 2014

Estructura militar en el reino leones. Milicias, mesnadas y huestes

Los ejércitos en la época en la que los normandos atacaron el reino leones, no eran instituciones profesionales. Atrás habían quedado los ejércitos romanos y visigodos, las necesidades de la sociedad de esa época, y la “pobreza” de unos tiempos difíciles y complicados en Gallaecia, abrieron las puertas a unos ejércitos basados en las levas campesinas lideradas por aristócratas dueños de tierras y mercenarios que vivían de la guerra. 
Entorno a estos conceptos se crearon unas divisiones militares un tanto anárquicas, que intentaban dar nombre a estas agrupaciones de combatientes.
La primera de las divisiones y quizás la más pequeña, era la milicia. La milicia era un grupo de hombres armados, normalmente salidos de aldeas, villas o concejos. En consecuencia gente poco adinerada y mal entrenada, que no tenía la vida militar por costumbre. Aún así las levas campesinas salidas de las milicias, suponían con toda seguridad la mayoría de guerreros que componían las mesnadas de los nobles. 
Los milicianos no tenían recursos económicos, y por tanto sus armas para combatir eran precarias. Lanzas por su bajo coste, un escudo redondo, y con toda seguridad ausencia de cascos o cotas de malla. En el documento fundacional de Covarrubias año 979 (Castilla), presenta a campesinos acudiendo a otras aldeas a prendar cum lancas et escutos et lapodes (ed. Zabala, nº52). Y en otros textos de león de los que hablaremos más adelante, se menciona nuevamente disputas entre aldeanos, que combaten y resuelven sus problemas con lanzas. Las espadas debían de ser elementos prohibitivos por su alto coste. Hemos de tener en cuenta que era frecuente entregar espadas como pago vía trueque de tierras. Incluso algún que otro secuestro vikingo del que hablaremos más tarde, se llegó a saldar con el pago de una espada. Lo cual nos puede dar a entender el alto coste o valor social que tenían estas armas.
Las milicias no las componía un número concreto de soldados. Toda la gente que salía de un pueblo armada y bajo un estandarte, era una milicia. Estas tenían sus propios líderes, los cuales estaban mandados a su vez por figuras superiores.
La mesnada, sin ninguna duda uno de los nombres más comunes y que más frecuentemente nos recuerda a la edad media. La mesnada era al igual que la milicia, un grupo de hombres armados. Pero a diferencia de esta, no salía de concejos, sino que solía aglutinar a todas las milicias, tropas mercenarias y aristócratas bajo un único mando o milities. (Un conde, o señor convocaba sus mesnadas, es decir, a toda su gente armada). Normalmente al frente de las mesnadas estaba un noble, bien fuera un caballero vasallo de señores o condes, un hijo del aristócrata, alguien de su confianza, o bien un milities (rango de peso militar inferior a la del caballero según Amancio Isla). Al aglutinar a toda la gente armada capaz de ser convocada, las mesnadas eran variadas. Los mercenarios mejor armados que los milicianos, y los aristócratas o caballeros mejor equipados, (en algunos caso no tanto), que los mercenarios.
Finalmente tenemos a la hueste. La suma de todas las mesnadas y sus señores formaban una hueste. No parece claro que tuvieran una relación de grupo como las quingentenae o las decaniae romanas, cuyas estructuras militares fueron empleadas por los visigodos. Quizás esto de muestras de una relativa desorganización común a una tierra del norte Hispanico en los siglos IX, X y XI, donde la pobreza con respecto al sur tanto en el factor militar como institucional, era más que evidente. Si bien es cierto que este proceso comienza a invertirse desde mediados del siglo XI en adelante. De todos modos, algo fuera del contexto que nos ocupa (invasiones vikingas) que tendrían como exponente tope histórico en España hasta el 1047. Y en Europa hasta el 1066.
Hemos de entender por tanto, que cuando los lordemanos atacaban las costas cantábricas o atlánticas del reino leones. Si lo hacían contra pequeñas aldeas, estas se defendían movilizando a las milicias de campesinos. Si el ataque o la ocupación perduraban en el tiempo, seguramente el noble local convocaría a sus mesnadas para la defensa de sus posesiones. Tal pudo ser el caso del conde Alvito Núñez, cuando en el año 1016 defendió el castillo de Bermudo de los vikingos. Y si la invasión se extendía demasiado en el tiempo en el tiempo, el señor, abad u obispo al mando del señorío o abadengo, reuniría a todas las milicias de las villas, a las mesnadas de sus caballeros y mercenarios, y a su propia familia, que saldrían al encuentro de los normandos formando una hueste de guerreros.
Alvar Ordoño



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