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domingo, 31 de marzo de 2024

El primer video promocional de Hispania de los Vikingos... 2014 / 2024. Diez años de aquel día.

Este año 2024, se cumplen 10 años desde el primer video que sirvió para promocionar el evento de Hispania de los Vikingos 2014. Desde ese momento, se dio inicio a una idea pionera en España hasta la fecha, que marcaría una de las muchas señas de identidad de la Hispania de los Vikingos. Acompañar todos nuestros encuentros anuales con un video promocional, para potenciar el evento recreacionista de cara a nuevos participantes y al publico asistente. 

La idea funcionó bastante bien, y sorprendió a casi todos los aficionados, pues nunca hasta ese momento, un evento de recreación, había estado tan ligado a una campaña publicitaria tan intensa, y en parte original. Incluso diría que "el video" de la Hispania de los Vikingos previo al evento, se convirtió en un clásico esperado por todos los seguidores del proyecto. Al menos hasta que dejamos de hacerlo en el año 2018.  

El primero de dichos videos, se rodó en el invierno del año 2014, concretamente en la sierra de Guadarrama (Segovia / Madrid). Recuerdo perfectamente como mi buen amigo Crom, y yo (Alvar), nos metimos en el coche en Madrid,  para subir hasta el puerto de Cotos, donde nos encontramos con una impresionante tormenta de nieve, como pocas antes habíamos visto.

Allí, bajo un desapacible día frio de ventiscas gélidas, nos despojamos con bravura de nuestras ropas del siglo XXI, para pecho al descubierto, y desafiando al frio intenso, y a la continua nieve que caía sin parar, comenzar a vestimos con ropas medievales. 

Afortunadamente, el clima desfavorable no animó a los turistas a visitar el lugar. Evitando por nuestra parte cruzarnos con visitantes. Aun cuando no me negaréis que la escena podría haber sido simpática. Imaginar por un momento, a un grupo de senderistas o familia de campistas, que tras cruzar un camino o atravesar un bosque, se dan de bruces con dos hombres barbudos, armados con espadas, hachas,  escudos, y cotas de malla, que parecen salidos de otra época y tiempo. Desde luego dicha escena no la olvidarían en la vida, y posiblemente nosotros tampoco. 




La historia narrada en el video, intentaba recrear a un grupo de soldados hispanos de los reinos del norte, encargados de vigilar las tierras de algún alfoz o señorío. Uno de ellos desaparece en el bosque a causa de la tormenta, y es buscado por su compañero, quien no tarda en encontrar un rastro de sangre en la nieve. 

Tras seguir las pistas para localizar a su pareja de vigilancia, lo encuentra si!!!, pero caído y cubierto de nieve junto a un árbol. El hispano se despoja de su escudo para socorrer a su compañero, dándose cuenta de que ha muerto. Momento tras el cual, desde la espesura invisible del bosque, suenan cuernos de batalla y truenan las espadas golpeando los escudos.. LOS VIKINGOS HAN LLEGADO!!.

Esa era sobre el papel la escena narrativa escrita por mi (Alvar). Rodada, como ya he comentado, con muy pocos medios y de forma mas experimental que profesional. Aún así, y sin saberlo, estábamos marcando un antes y un después en el devenir de la Hispania de los Vikingos. 

Afortunadamente he podido recuperar algunas fotos del día del rodaje, las cuales comparto con todos vosotros, al mismo tiempo que el video en cuestión. El cual, espero que os guste, y sepáis perdonar su simpleza, y poca profesionalidad. 





 

domingo, 24 de marzo de 2024

HISPANIA DE LOS VIKINGOS en la TVE segunda cadena

Recordamos hoy en las líneas de este blog, un momento "histórico" para muchos de nosotros, especialmente para todos aquellos que pudimos vivir dicha experiencia. Nos referimos al día que acudimos a los estudios de la TVE para rodar distintas secuencias relacionadas con un documental sobre vikingos. 

Todo fue gracias a uno de nuestros organizadores, Jacobo Cánovas, del grupo Magerit histórica. Recreador vinculado a la HISPANIA DE LOS VIKINGOS desde sus comienzos. Pues fue uno de los organizadores originales del proyecto, Formando parte del grupo de organización entre los años 2012 y 2016. 

Gracias a él, varios componentes de la HDLV nos desplazamos a los estudios de TVE en Madrid, para rodar algunas secuencias relacionadas con los ataques escandinavos a España. Todo ello, saldría en el programa de la segunda cadena de televisión, LA AVENTURA DEL SABER. 

El programa se emitió el 12 de Junio del año 2017, rodándose en distintos exteriores de Madrid, y de Alcalá de Henares. Actualmente podéis disfrutar del programa en el siguiente link. Vikingos Aventura del Saber. 

Como podéis ver en las distintas fotos que adjunto bajo este texto. Tan solo nos desplazamos tres miembros del equipo de la Hispania a los estudios de rodaje... Por un lado, el ya mencionado Jacobo, y por otro Henrikas, y un servidor (Alvar Ordoño). Aún cuando allí, nos encontramos con el amigo y escritor Manuel Velasco, quien también había colaborado con nosotros en el pasado, ofreciendo distintas conferencias en varios de nuestros eventos. 

La experiencia fue muy gratificante, y quizás como datos curiosos, queda para nuestro recuerdo, el cruzarnos en los vestuarios y camerinos, con distintos personajes famosos, tales como Paula Vázquez o Mariló Montero.

En su aspecto recreacionista, he de decir, que una cosa es la historicidad, y otra el "cine". Pues muy a pesar de que indicamos a la directora del programa como vestían correctamente los vikingos de aquellos tiempos. Ella prefería indumentarias mas "espectaculares", tales como corazas de cuero, yelmos, y espadas desenvainadas. En fin.. cosas del mundo del cine y la ficción. 










lunes, 15 de octubre de 2018

Bermudo III, el último rey asturleonés. articulo de Vicente G. Olaya publicado en El País digital


Recogemos la siguiente noticia aparecida en periódico El Pais bajo el titulo de: Así murió Bermudo III el último rey Astur-leones. A lo largo del mismo se puede leer una investigación que intenta demostrar como fue la muerte del rey de León en la batalla de Tamarón durante el año 1037 (Siglo XI). Una época que bien puede facilitarnos un estudio para saber y conocer más la sociedad hispánica de los reinos del Norte peninsular durante el final de la era vikinga hispanica, la cual poco a poco iba llegando a su final. 


 Bermudo III, el último rey asturleonés

Los forenses que analizaron el cuerpo determinaron que una lanza le entró por el ojo derecho, le reventó la órbita ocular y le arrancó el maxilar superior


La culpa fue de la celada. Bermudo III, rey de León, la levantó – o simplemente no le protegía bien los ojos– antes de enfrentarse en solitario a cientos de enemigos en la batalla de Tamarón (Burgos, 1037). 



 Un error histórico muy frecuente es identificar los yelmos del siglo XI con yelmos cerrados. En el año 1037 los caballeros no usaban celadas, sino yelmos de tipo spangenhelm con protección nasal como el que se puede ver en la imagen. A la izquierda un yelmo propio del siglo XI del British Musseum, común a toda Europa occidental. A la derecha un recreador histórico del grupo Regnum Castellae ataviado como un caballero castellano de segunda mitad del siglo XI

La lanza adversaria le entró por el ojo derecho, le reventó la órbita ocular y le arrancó el maxilar superior. Además, una decena de estoques le atravesaron la parte inferior del tronco. Resultado: muerte en el acto o, como mucho, agonía por múltiples infecciones poco después. Así lo determina la autopsia que un equipo de la Sociedad Española de Paleopatología realizó a sus restos en 1997 y que vuelve a salir a la luz tras la polémica de dónde se halla su cadáver: si en el panteón real de San Isidoro de León o en el de Nájera (La Rioja). 

Las crónicas medievales relatan que el último rey de la dinastía asturleonesa del Reino de León fue lanceado, asaeteado y atravesado con espadas y puñales en unas cuarenta ocasiones. "Cosido a lanzadas", detallaron los narradores del siglo XI. Sin embargo, la autopsia reduce los lances comprobados, casi todos mortales, a 16. Y todo porque Bermudo III iba a lomos de una montura (Pelayuelo) más rápida que sus huestes, por lo que se encontró solo ante el enemigo (los ejércitos castellanos de Fernando I). A sus soldados no les dio tiempo a rescatarlo. De todas formas, la falta de previsión ante la batalla debía de ser genética en su dinastía, ya que su padre, Alfonso V, falleció también en un asedio en territorio portugués porque se quitó la armadura por el calor y una saeta le atravesó el pecho. El lugar de descanso final de Bermudo III, que murió con solo 19 años, por lo que era conocido como El Mozo, es muy polémico. Las ciudades de León y Nájera se disputan ser las depositarias de sus restos, ya que cuentan con sus respectivas sepulturas en unos impresionantes panteones reales, una controversia que ha rescatado el trabajo forense de María Encina Prada Marcos y Francisco Etxeberría Gabilondo. Josetxo Mínguez, de la Asociación Cultural Tamarón, y experto en la batalla, recuerda que el museo de San Isidoro —donde se halla el panteón de los reyes de León— requirió la presencia de 24 expertos y forenses en 1997 para poner en orden el “batiburrillo” de huesos en que se había convertido el cementerio real. 

En el siglo XI, momento de la batalla y muerte del rey Bermundo con tan solo 19 años, no existían aún las armaduras de placas medievales. Los caballeros vestían al estilo "normando" con cotas de malla 

Se les dio solo 15 días de plazo para terminar su trabajo. El embrollo comienza cuando los franceses en 1808 convirtieron la cripta de San Isidoro (cuyos frescos son considerados la Capilla Sixtina del románico) en una caballeriza. Los sepulcros reales de piedra de los monarcas de León fueron descerrajados a la búsqueda de las piezas de oro que había en ellos y convertidos en abrevaderos para las monturas."Los huesos", señala la antropóloga María Encina Prada, "fueron acumulados en una esquina y trasladados a otra iglesia en 1865, aunque posteriormente volvieron al panteón. En los traslados se perdieron muchos, sobre todo los pequeños". Por eso, los expertos requeridos por el museo lo primero que hicieron fue encajar los existentes como si fuera un puzle para recomponer los cuerpos, pero sin saber con certeza a quién correspondía cada esqueleto. Menos uno. Se trataba de un hombre joven, de entre 1,70 y 1,74 metros, cuyas heridas de guerra casaban perfectamente con las de Bermudo III. "Es muy posible que lo sea, pero no podemos afirmarlo al cien por cien hasta que no se hagan pruebas de ADN", indica Prada. "Pero sí es verdad que los resultados hacen compatible que sea Bermudo III". 

El informe de los doctores detalla las heridas. Entre ellas, un lanzazo de 23 milímetros en la cadera (post morten), otro más en el mismo sitio de 11 milímetros, una incisión longitudinal de 17, un espadazo oblicuo en la parte delantera del fémur, otra en la posterior, un corte de 10 milímetros en la mejilla que le “secciona el hueso malar”, y la mortal: “una herida inciso-punzante de 47 milímetros de longitud” en la “cara interna de la órbita derecha” que “deja su impronta sobre el parietal y sobre el maxilar superior y rompe la pared”. 

 El cuerpo, a diferencia de otros, no estaba momificado porque su fallecimiento se produjo en medio de las altas temperaturas de agosto y los “procesos naturales de putrefacción” se aceleraron a causa “de los extensos focos de contusiones y heridas graves que facilitaron la entrada de microorganismos patógenos, favoreciendo y acelerando la descomposición cadavérica”. Mínguez recuerda que Tamarón (30 habitantes censados y 300 descendientes repartidos por todo el mundo) celebra cada año una representación de la batalla en agosto. “Estamos muy orgullosos de nuestra historia y es una manera de juntarnos todos cada año”. 


La recreación de la batalla de Hastings en Inglaterra año 1066, muestra como pudieron ser los caballeros hispanicos de los reinos del norte durante aquel tiempo. Hastings ocurrió tan solo unos cuantas décadas después de la batalla de Tamarón 1037

 Los vecinos de esta localidad burgalesa han recopilado toda la documentación existente sobre la batalla y atesoran bastantes legajos, excepto pruebas arqueológicas concretas de la lucha. Lo único que poseen es un lugar denominado Carrera del Rey, que suponen que recibe este topónimo por la batalla que perdió Bermudo III en solitario: fue hacia la muerte al galope. Para liarlo un poco más, el Ayuntamiento de Támara de Campos (Palencia) reivindica que la batalla final de Bermudo III se desarrolló en su actual término municipal, si bien los expertos consultados ponen en duda esta versión, aunque no lo descartan por completo. ¿Y quién tiene el verdadero sepulcro del rey? La respuesta de Mínguez es clara: los dos. “El cuerpo está en León, pero los reyes de aquellos momentos se hacían construir mausoleos en diversos lugares. Era un símbolo de su poder. Lo importante no eran los huesos, sino el sepulcro real, representación de su autoridad”. El antropólogo forense Francisco Etxeberría interviene: "Bueno, a lo mejor, Nájera tiene alguno de sus restos, porque en algún momento de la historia se llevó algo allí, ya que no los encontramos todos".

martes, 14 de agosto de 2018

Preguntas y respuestas. ¿Atacaron los vikingos Cantabria?. Por Cárlos Alvarez

Una interesante pregunta, la cual podría responderse con monosílabo, o por el contrario entrar en un debate mas complicado basado en los supuestos y la simple lógica.

Si nos ceñimos a los datos de los que disponemos en crónicas medievales hispánicas, los vikingos no atacaron Cantabria. Hay algunas leyendas referidas a lordemanos en las costas cántabras, pero no se pueden establecer como históricas y reales, siendo mas bien folklore popular del que no se puede detallar la fecha concreta.

No obstante a día de hoy casi todos los expertos en tratar el tema de los ataques normandos a las costas hispanas, aceptan con rotundidad la existencia de zonas calientes. Estas zonas serían lugares donde si bien no hay constancia documental de ataques, si están dentro de zonas mayores bajo influencia normanda. Por lo que bien pudieran haberse encontrado bajo pequeños ataques o litigios que no han pasado a la historia.  

Cantabria se encuentra dentro de esas zonas calientes al estar entre Vizcaya y Asturias. Una zona de paso de los barcos escandinavos hacia Galicia o Al Andalus. Por lo que si bien no se puede demostrar desde un punto de vista histórico la existencia de ataques concretos a Cantabria, no sería una locura o planteamiento descabellado pensar que pudieron existir en menor medida, y no han sido documentados históricamente por carecer de importancia para la época.

Alvar Ordoño


viernes, 25 de agosto de 2017

Cuando los vikingos incautos compraban espadas falsificadas por Guillermo Carvajal

Entre los siglos IX y XI se popularizó en el norte de Europa y en Escandinavia un tipo de espada con una marca de fábrica que le confería un símbolo de calidad, tanto al acero con que estaba hecha como su origen.

Se las denomina espadas Ulfberht porque todas llevan la inscripción +VLFBERHT+ o variantes de la misma, un nombre franco utilizado quizá al principio por un solo fabricante, que luego se perpetuó como marca de calidad.

Estas espadas se sitúan como el puente entre la antigua espada vikinga y la posterior espada medieval caballeresca, y tienen una hoja ancha y plana de una longitud media de 80 centímetros. Se hacían utilizando varias piezas de metales de diferente composición, en un proceso habitualmente denominado acero de Damasco.

Las mejores se hacían a base de acero importado de Asia Central, encontrándose más de 150 ejemplos en yacimientos por todo el norte de Europa, sobre todo en Noruega, e incluso algún ejemplar tan lejano como en Bulgaria.

El origen de su manufactura se rastrea en Austrasia, la región central del reino franco situada en lo que hoy es la Renania alemana. Los vikingos las consideraban un objeto de gran prestigio, así como un arma fiable y eficaz, razón por la cual se han encontrado tantas en Escandinavia.

Sin embargo, recientes estudios de ejemplares conservados en museos y colecciones privadas revelaron un sorprendente hecho. Muchas de las espadas Ulfberht conservadas son falsas. Están hechas con acero de poca calidad e incluso con hierro y con hasta tres veces menos contenido de carbono, aunque llevan la misma inscripción para confundir o engañar al comprador.

Así, el vikingo que se hacía con una de estas espadas falsificadas era incapaz de distinguirla de una auténtica, ya que a primera vista eran prácticamente idénticas en todo y se forjaban con las más avanzadas técnicas de metalurgia. La diferencia solo se revelaba, fatalmente, en el momento de entrar en combate, cuando al chocar la espada contra otra auténtica la falsa se hacía trizas.

Es por ello que en los yacimientos de batallas han aparecido miles de fragmentos de estas falsificaciones, que fabricaban los artesanos locales en el norte de Europa. Las auténticas Ulfberhts suelen aparecer en el lecho de ríos cercanos a antiguas poblaciones.

En el siglo XI el suministro de acero centro-asiático a través de Rusia quedó interrumpido, lo que hizo que a partir de ese momento el número de falsificaciones aumentase considerablemente.

Guillermo Carvajar - Cuando los vikingos incautos compraban espadas falsificadas - articulo original publicado en el: la Brujula verde, magazine independiente cultural 

jueves, 24 de agosto de 2017

Muerte y saqueo en Al-Andalus. Por Álvaro Van Den Brule

“Lo que hace la literatura es equiparable a lo que hace una pobre cerilla en medio del campo en mitad de la noche. Una cerilla no ilumina apenas nada, pero nos permite ver cuánta oscuridad hay a su alrededor”.
–William Faulkner

Transcurridas catorce noches del mes de Muharram, en el 230 de la Hégira (844 de nuestra era), esto es, al comienzo del otoño, una potente flota vikinga de más de ochenta naves y cerca de 4.000 hombres remontaba el Guadalquivir para asestar a los almohades de Al-Ándalus un golpe de una audacia sin precedentes. Sus cuernos de combate tocaban a tragedia y una música fúnebre ascendía lentamente hacia la indefensa ciudad unos kilómetros más arriba.

Previamente se habían apoderado de Qabpil (actualmente Isla Menor) y habían dejado un fuerte destacamento afianzando la cabeza de puente. En la localidad de Coria del Río ocasionarían una matanza memorable, no dejando títere con cabeza. Toda la población, estimada en medio millar de almas, fue pasada a cuchillo sin que conste que hubiera superviviente alguno. Esta carnicería no tenía otro objeto que el de evitar en principio que el aviso de su presencia llegara a Sevilla, que era la pieza mayor y más codiciada de esta incursión. Además, la extrema crueldad con que trataban a sus prisioneros era en sí una carta de presentación sobre sus intenciones. Una atmósfera de terror precedía y seguía a todos sus desembarcos. Llegar, golpear y desaparecer antes de que los autóctonos reaccionaran era su modus operandi.

Tres días después de su desembarco, esta horda decidió remontar el Guadalquivir hacia Sevilla, conocedores de la fama que albergaba esta ciudad. Sus habitantes se disponían a la defensa inermes ante la que se avecinaba sin caudillo militar alguno que guiara su ejército, pues el gobernador de la ciudad se había dado a la fuga huyendo hacia Carmona, por lo que a los pobladores de este antiquísimo enclave solo les quedaba encomendarse a Alá. Conocedores de esta deserción y de la escasa preparación militar de los defensores, esta fuerza letal llegaría con sus naves hasta los arrabales de la ciudad.


Los ataques lordemanos contra Al-Andalus del siglo IX fueron los mas devastadores. Desde ese momento los musulmanes del sur pusieron medios militares para que no se repitiera el desastre. Ninguna otra invasión vikinga llegadas en los siglos X y XI consiguió atravesar el estrecho de Gibraltar

La matanza y el saqueo se prolongaron en una orgía de sangre durante una semana. Mujeres, niños y ancianos sufrieron el horror desatado por esta forma de peste humana y la entera población  fue pasada a cuchillo, con el corolario de violaciones, saqueo, e incendio de la ciudad. A los que se les perdonó la vida, el destino les depararía un futuro estremecedor: la esclavitud. Todos los prisioneros provenientes del África negra serian vendidos en Irlanda como un bien exótico. Durante dos meses sembraron el pánico a su antojo entre los andalusíes de la comarca provocando un éxodo cuyos ecos actuaban como caja de resonancia.

Cabezas en picas

Transcurría noviembre para cuando el emir Abd al ¬Rahmán consiguió movilizar un ejército digno de tal nombre y enfrentarlos. Para cuando alcanzó la comarca del Aljarafe sevillano, la desolación era patente. En una primera fase comenzaron a fustigar con la caballería e infantería a sus enemigos a los que desconcertarían totalmente. La horda vikinga no disponía de caballos y sus conocimientos ecuestres eran prácticamente nulos. En los enfrentamientos que se sucedieron en días posteriores la caballería del emir estragaría a los nórdicos. El envés del infierno se abatiría sobre estos rudos guerreros-exploradores. La umma (comunidad de musulmanes) podía respirar por algún tiempo.

El general Ibn Rustum ordenó la decapitación fulminante de los prisioneros supervivientes a la vista de sus camaradas. Un millar de ellos fueron enterrados vivos con la cabeza al aire y se ordenó a la caballería almohade pasar al galope en repetidas ocasiones sobre este peculiar sembrado. Más de treinta naves capturadas arderían sin remisión. Algunas cabezas cortadas soportarían grandes candelas que iluminarían durante el ágape con el que sería homenajeado el triunfador. Todas las palmeras de Sevilla fueron profusamente decoradas para la ocasión con más de quinientas cabezas recordando a los sevillanos que el horror había tocado a su fin. Desde aquellas cuencas con sus ojos vacíos, finalmente los normandos contemplarían con sosiego la eternidad.
Nunca más se volvería a documentar en Al-Ándalus más strandhógg, como llamaban en su lengua a estas campañas de saqueo.


Los hispano musulmanes de de aquellos años no eran muy diferentes a los hispanos cristianos del Norte. El grueso de la población andalusí de aquellos años no era árabe, sino Muladí. Hijos de hispano romanos o hispano visigodos que abrían abrazado el islam como religión tras la conquista del siglo VIII


Un pueblo de saqueadores

Ya en su primer desembarco en la península, en Gijón hacia el 840, los asturianos con Ramiro I a la cabeza les causaron severísimas bajas en la zona aledaña a la Torre de Hércules quemándoles más de setenta naves, en la que posiblemente sea la derrota más destacada en la historia de las navegaciones vikingas.

Los cronistas árabes que recogen el más terrible ataque normando de los tres que se produjeron en la península documentaron ampliamente este ataque al sur de la península. Los otros dos se efectuaron en los años 858-861 en los que arrasaron en su remontada por el Ebro y como corolario capturarían a García Íñiguez, rey de Navarra, eso sí, después de pegarle fuego a Pamplona por los cuatro costados. Íñiguez tuvo que pagar lo que no está escrito por su propio rescate. El botín obtenido en esta incursión, histórico por otra parte, generó curiosas anécdotas. Muchas de las naves vikingas en su retirada, dado el peso de las capturas, embarcarían agua en abundancia en su trayecto por el Mediterráneo y se hundirían sin más.

La tercera oleada fue en realidad un sumatorio de pequeñas invasiones que duraría cinco años aproximadamente, iniciada la segunda mitad del siglo X. No obstante, perseverantes, los nórdicos, que ya se habían aficionado a la paella y al gazpacho, todavía volverían hacia el año 1030 al escenario de sus añoradas andanzas. Las sagas escandinavas, mencionan profusamente esta inveterada afición por el sol y la gastronomía local.

Los knörr eran barcos de bajo bordo, de navegación suave y habilitados para cuarenta  individuos aproximadamente. Esta excelente embarcación tenía dos extremos iguales, permitiendo invertir la dirección sin tener que dar la vuelta la nave, con la consiguiente complicación de la maniobra. Una vela rectangular podía reemplazar o acelerar el esfuerzo de los remeros. Bajo buenas condiciones meteorológicas, un barco vikingo podía alcanzar los 16 nudos (unos 30 km/h). La denominación drakkar aplicada a estas embarcaciones es errónea pues en puridad la grafía es de raíz francesa o más bien, una deformación de la misma. La palabra es más exactamente de origen normánico. Drekar es plural de dreki (dragón) y hace alusión a las figuras zoomorfas  que ahuyentaban a los malos espíritus desde el mascaron de proa. En el famoso tapiz de Bayeux, a partir de la escena 44 se ve claramente la configuración clásica de estas naves que aterrorizaron los mares in illo tempore.

Sus ataques y aparición en la escena política europea, ya que hasta entonces no se tenía conocimiento de ellos, dieron inicio en el año 793 con el saqueo del castillo-monasterio de Lindisfarne en una remota isla escocesa del Mar del Norte. De nada les valdría a los monjes rezar con vehemencia al señor, pues este estaba ocupado en otros menesteres. Esta temida cultura nórdica no reparó desde su primer contacto con Escocia e Irlanda hasta el saqueo de Constantinopla, Pisa, Marsella, Rouen, el sitio de Paris e innumerables enclaves de la costa mediterránea y atlántica en manejar una extrema violencia como credencial, si bien es cierto que entre clanes existían diferentes formas de afrontar la conquista, ya que muchos de ellos eran meros comerciantes. Desde Terranova hasta la profunda Rusia, nadie quedaría indiferente a esta horda humana.


Como puede verse en la arqueta de Leire, los musulmanes del siglo IX y X no tenían el turbante como uso cotidiano. Los turbantes tenían únicamente una condición religiosa y militar. No es hasta el siglo XII cuando con la llegada de pueblos musulmanes africanos como almohades y almoravides, el turbante empieza a tomar fuerza como prenda de vestir civil "comun" entre las clases sociales 

Álvaro Van Den Brule - Árticulo escrito para el periodico: EL CONFIDENCIAL, bajo el titulo de: Muerte y saqueo en Al-Andalus, el año que los andaluces decapitaron a los feroces vikingos

miércoles, 16 de agosto de 2017

Españoles en Wolin 2017. Las Crónicas de Valdyr

Celebrábamos Björn el temible y yo los tratos comerciales con los francos en un asentamiento a orillas del río Spree, afluente del Elba. Frente a nosotros carne de cerdo y cerveza, servidos por una provocativa posadera, tatuada y de rubias trenzas. La noche estival fue tranquila, descanso merecido tras las duras aunque fructíferas negociaciones con mercaderes bizantinos.

A la mañana siguiente partimos al encuentro de Brokkr el herrero, también apodado el torturador, otro de los nuestros, y de Erik Bjørnson y Sturli cinco dientes, aliados del Ulf Klan. Habíamos sido convocados por Bartosz Werbliński, Jarl de nuestros hermanos de Chmurnicy, para defender el asentamiendo de Jomsborg, que previsiblemente iba a ser atacado en breve, en vista de la concentración de tropas foráneas en sus inmediaciones.

Cabalgamos durante todo el día hasta que un extenso brazo de agua nos impidió el paso, se trataba del lóbrego Oder, del cual seguimos su curso hasta el meandro en el que se encontraba fondeado nuestro barco, cargado ya con pertrechos y mercancías, fruto de nuestros intercambios con las gentes locales y comerciantes de exóticos lugares.

Dirigimos la proa hacia su desembocadura navegando a gran velocidad a favor de la corriente y, en el último tramo, aprovechando la bajada de la marea. Allí el río se abría en multitud de canales de escasa profundidad, sería fácil encallar para cualquier timonel que desconociese la zona, pero yo había navegado por allí los tres veranos anteriores, acudiendo siempre en ayuda de nuestros hermanos del Este, acosados durante el estío por un enemigo implacable que buscaba aprovecharse de las riquezas originadas por el floreciente comercio en esta privilegiada encrucijada.


Miembros del grupo polaco Chmurnicy. Anfitriones de nuestros compañeros, quienes quedaron segundos en la competición de la "batalla del puente" entre un total de 30 grupos combatientes.
Abajo la linea de escudos de los compañeros donde algunos españoles miembros de Ulf Klan Madrid y Stál Hríð combatieron



Wolin llaman las tríbus eslavas a la isla donde se alza orgullosa la fortaleza de Jomsborg. Una recia empalizada de madera defendida por altas torres rodea un gran salón, viviendas, talleres y almacenes por tres de los lados, mientras que en el cuarto el puerto queda protegido por varios drakkar, las embarcaciones de guerra coronadas por cabezas de amenazadoras bestias por las que es conocido y temido nuestro pueblo.

Allí es donde desembarcamos, no sin antes divisar al que iba a ser nuestro rival en el campo del honor. La horda había acampado a una distancia superior a la que puede recorrer cualquier flecha, parecía ser la habitual coalición heterogénea de clanes de origen eslavo, germano y magyar, insubordinados pero valerosos, muchos de ellos experimentados guerreros.

Como siempre fuimos cálidamente recibidos por Bartosz y los suyos. Tras las risas y abrazos y el intercambio de regalos descargamos lo estrictamente necesario y nos instalamos en las tiendas que nos tenían preparadas. Finalmente nos sentamos a la mesa, cenamos, bebimos, bromeamos, reímos y bebimos más. Después fuímos al gran salón donde seguimos charlando sobre nuestras aventuras vividas a lo lardo del año, un invierno más había pasado, pero la amistad y la camaradería seguían inalterables.

Encontré caras conocidas procedentes de muchos lugares, desde las tierras de los sajones y los francos hasta los confines del poderoso principado de Kiev, desde la gélida Laponia hasta la exótica Bizancio. Seguimos bebiendo cerveza, hidromiel y fuertes aguardientes hasta bien entrada la noche,
y al final, como casi siempre y de un modo inexplicable, todos logramos encontrar el camino de regreso a nuestras tiendas.

Al día siguiente los clanes defensores retaron a los atacantes a duelos individuales entre campeones, así como a combates de cinco contra cinco en el estrecho puente de tablones que une la isla al continente. Las batallas fueron cruentas, algunos se desplomaron donde fueron alcanzados por golpes de espada, hacha o lanza, inmóviles, tiñendo de rojo los centenarios maderos de roble, a otros se les tragó el Oder, cuyo apetito por guerreros acorazados es insaciable. Nuestros hermanos de Chmurnicy sobrevivieron a la carnicería y consiguieron alzarse con un meritorio segundo puesto entre los treita equipos que participaron.






 Diferentes fotos de la batalla, en la primera los componentes de Ulf Klan y de  Stál Hríð posan tras sobrevivir al combate 

Por la noche nos volvimos a reunir en el gran salón para celebrar una fiesta en honor a los que esa noche cenarían en un salón inmensamente mayor, un lugar majestuoso con 540 puertas llamado Valhalla, donde el mismísimo Odin recibiría a los caídos con honor. Como homenaje a éstos participaron en un violento juego Erik Bjørnson y Sturli cinco dientes, que recibieron tremendos golpes por parte del Jarl Bartosz, yendo a dar con sus huesos en el suelo desde gran altura, para regocijo de la ebria masa que les arengaba.

Los días siguientes se rompieron definitivamente las hostilidades y varias batallas tuvieron lugar a los pies de la fortaleza. El arrojo y la fiereza de los atacantes hicieron que la balanza se decantara inicialmente de su lado, y allí estábamos nosotros, Stál Hríð, formando el muro de escudos como el año anterior, un año más codo con codo, escudo con escudo con nuestros rubios y barbudos camaradas de orillas del Báltico.

Los tambores de guerra golpeaban rítmicamente nuestros oídos mientras nos posicionábamos en el ala izquierda del muro de Jomsborg, precisamente por donde los invasores rápidamente trataron de rodearnos. Nos agrupamos en formación cerrada para contrarrestar su ventaja y conseguimos rechazar sus ataques. Cuando se está enmedio de una batalla uno sólo tiene consciencia de lo que ocurre en su inmediato entorno, no más de unos pocos metros en cada dirección, el arma que te intentará matar estará seguramente dentro de esa distancia, y si te distraes un segundo mirando a la lejanía es muy probable que tu final haya llegado. Por lo demás el caos trata de imponerse al orden, y cuando eso ocurre en un ejército, todo está perdido.

Había guerreros con espadas, con hachas ligeras, con hachas de dos manos y con lanzas, pero a mí me parecía que casi todos los lanceros enemigos estaban trente a nosotros, el ala derecha de su formación era como un gigantesco erizo que lanzaba sus mortales púas hacia delante desde diferentes ángulos. De vez en cuando caía desde las alturas un gran hacha danesa, difícil de parar con la espada, así que uno trata de hacerlo con el escudo, momento que esperan los lanceros para atravesarte de parte a parte. Además su experiencia les hacía actuar compenetrados, si tenías buenos reflejos podías librarte con suerte de la lanza que te atacaba de frente, pero cuando tenías dos, una a derecha y otra a izquierda, uno trataba de ensartarte desde un lado, e inmediatamente cuando te defendías con el escudo el segundo veía el hueco para hundir la suya en tus entrañas.

Una Shield Maiden la tomó conmigo durante un buen rato, me acosaba con su lanza sin pausa, por arriba y por abajo del escudo, a veces por la derecha, una y otra vez me las arreglaba para esquivar o golpear su arma con mi espada. Llevaba una coraza de láminas y un elegante casco de estilo eslavo, de hierro y bronce, coronado con crines de caballo, todo ésto la hacía parecer un guerrero más, con gran arrojo y agresividad, eso sí. De hecho sólo me dí cuenta de que era una mujer cuando emitió un agudo grito, al ser ella misma alanceada en un costado por uno de los nuestros.













El tiempo pasaba y el cansancio se apoderaba de nosotros, a veces se producían largas pausas con ambos muros de escudos enfrentados. Nos mirábamos a los ojos mientras esperábamos una orden de ataque y escuchábamos en la lejanía el clangor de las armas entrechocando en el otro ala de la formación. Era entonces cuando uno más se fija en las miradas de los aquellos que habían llegado allí para matarte. Algunas miradas no podían esconder el miedo, otras mostraban frialdad, otras rabia y dolor, y otras una furia desatada, eran éstas las de aquellos que sólo viven para la guerra, que sólo se encuentran a gusto en el campo de batalla, mandando guerreros a engrosar las filas de los Einherjer, el ejército que Odin mandará en Ragnarok.

En ocasiones una de las filas rompía súbitamente la tensa espera y lanzaba un ataque para intentar sorprender y arrollar al contrario. Una de las veces que hicieron ésto los invasores el guerrero que tenía enfrente se abalanzó sobre mí y en el último momento giró su escudo hasta colocarlo en horizontal para golpearme fuertemente con su canto en la muñeca, mi mano se abrió al instante y mi espada cayó al suelo. Habría sido el final si uno de mis camaradas no le hubiera dado un hachazo en la espalda.

Poco después el gran Björn caía herido, alanceado a la altura de las costillas, enfundado en negra cota, su barbuda cabellera coronada por alto yelmo, se había expuesto demasiado al peligro, siendo como es siempre reacio a dar un paso atrás. Se desplomó boca abajo en el espacio entre ambas líneas, quedando allí, inmóvil, hasta que fue ayudado por nuestros compañeros, que consiguieron arrastrar con trabajo su gran volumen por detrás de nuestro inquebrantable muro, de coloreada madera y brillante acero.

Instantes después éramos nosotros los que lanzábamos un contraataque, y en esta ocasión les pasamos literalmente por encima. Cargué con mi escudo hasta chocar contra el adversario golpeando con mi espada todo lo que se encontraba al otro lado, madera, hierro, cuero, carne y huesos. Sólo la acumulación de cuerpos en el suelo, que dificultó nuestro avance, evitó que toda su ala derecha se colapsara, aún así habíamos conseguido romper su muro en dos, mientras que el nuestro resistía.
El enemigo dividido se reagrupó en dos compactos grupos, intentarían que nos saliera cara la inminente victoria, rodeados y exhaustos luchaban por un lugar en la mesa de Odin, lo cual les hacía especialmente peligrosos. En tres ocasiones las omnipresentes lanzas me habían alcanzado, dos por encima y una por debajo del escudo, aunque mi cota de malla detuvo las aceradas puntas, ahora acababa de recibir la cuarta, en diagonal, en la cadera, pero en esta ocasión atravesó la cota abriendo un gran agujero entre sus férreas anillas, mi gambeson envolvió la despiadada punta y la frenó parcialmente, gracias a su relleno de pelo de caballo, aún así la potencia del impacto y el agudo dolor me derribaron de inmediato. 





















Los defensores de Jomsborg no tuvieron compasión con los vencidos, desde el suelo vi como los nuestros me sobrepasaban, presos del ansia de destrucción. La realidad se me aparecía como estática, escenas que captaban mi atención y dominaban mi mente como si el resto del mundo no existiera. Uno de los nuestros tenía sus pies sobre sendos escudos, que a su vez descansaban sobre dos guerreros caídos, y en equilibrio desde esa posición elevada golpeaba una y otra vez con su espada a los pocos invasores que aún quedaban en pie. Un señor de la guerra de suntuosa coraza recibió un lanzazo en la cara, cayó y se levantó casi de inmediato, se quitó el casco y se fue caminando tranquilamente, saliendo del campo de batalla, de uno de sus ojos brotaba un torrente de oscura sangre. También vi a Brokkr, guerrero combativo como pocos, que a pesar de haber recibido un golpe de hacha danesa que casi le destrozó el casco seguía castigando con su hacha ligera al último bastión enemigo. Miré hacia el cielo y me pereció vislumbrar a las Valkirias, cabalgando entre las nubes, las hijas de Odin parecían felices.

La masacre había terminado, y horas después, con apenas tiempo para descansar y restablecernos, nos despedimos de nuestros queridos amigos y embarcamos rumbo al sur, con la certeza de que, ocurra lo que ocurra durante el siguiente invierno, los vientos estivales nos volverán a traer hasta esta espléndida isla, una auténtica joya en el Mar Báltico.

Valdyr Bloðugr - Recreador histórico e investigador del mundo medieval escandinavo. Jarl del grupo de recreación Stál Hríð. 

lunes, 15 de junio de 2015

Los vikingos y la leyenda de Cudillero en Asturias.

Es una leyenda vieja poco conocida en España, contada de padres a hijos, y de abuelos a nietos. Al norte del país,  en una pequeña localidad del mar cantábrico situada en la agreste y siempre gris costa asturiana. Está el bonito pueblo de Cudillero, cuyos habitantes presumen abiertamente y con cierto orgullo ser descendientes de vikingos.

Cuenta la leyenda que en la Alta edad media, reinando en Asturias el Rey Alfonso III, los normandos procedentes en aquellos tiempos de la lejana Dinamarca, se asentaron en Cudillero estableciendo un puerto base desde donde repostar sus barcos rumbo a saquear la rica Al-Andalus, o las costas de Galicia. Allí los vikingos, lejos de someter a la población nativa de etnia astur, se fusionaron con ellos y establecieron lazos de matrimonio, ayuda y comercio. 

Como dato curioso de esta posible herencia nórdica en la geografía asturiana, ha quedado el pixueto. Un dialecto único del pueblo de Cudillero que combina palabras de origen romance con otras de origen nórdico, algo raro sin duda en el norte de España, y que no tienen similitud tan siquiera con las poblaciones cercanas de la propia Asturias.


Lo cierto es que más allá de la leyenda, no se tiene certeza exacta de que los normandos establecieran un puerto en esa zona. Aunque siempre se ha especulado con la idea de que fueron varios los lugares en España desde donde los vikingos repostaban en su largo viaje desde el norte de Europa o Inglaterra, hacia Al-Andalus o las costas de Galicia. 

Estos asentamientos se suelen datar a mediados del siglo IX, puede que incluso antes, pues se especula nuevamente con la posibilidad de que hubiera normandos llegados a modo de mercenarios para combatir en los ejércitos del rey Alfonso II el Casto contra los musulmanes. Los famosos Al Magus de la crónica del musulmán Ibm Al Athir. En la que se cuenta como los ejércitos cristianos de Alfonso II estaban compuestos por vascones, gentes astures, y los polémicos al-magus.

Término referido por los musulmanes a los paganos. Pero.. ¿Quiénes eran esos paganos?, ¿Vikingos?. Lo cierto es que años mas tarde otras crónicas musulmanas emplean el mismo término: Al Magus, para describir sus combates contra los normandos llegados a Hispania.

Sea como fuere es muy posible que los asentamientos vikingos en las costas cantábricas dataran desde el principio de su llegada, a mediados del siglo IX. Y permanecieran algunos de ellos hasta principios del siglo XI. Hay numerosos datos dudosos en crónicas hispanas que hacen pensar la posible existencia de puertos o asentamientos normandos mas o menos estables en las costas, de los que no nos han llegado mucha información. 


Los ataques a los puertos daneses de la saga de Olaf Haraldsson en Hispania. O la estratagema de la reina leonesa Velasquita Fernandez para ayudar a su amigo Felix Agelazi a escapar de la ira del Rey utilizado barcos vikingos, son solo algunos ejemplos. La propia fortificación de la costa asturiana con castillos como el de Gozón o el de San Martín para vigilar la ría en previsión de posibles ataques normandos a las tierras próximas, y en especial la capital de Oviedo. Así como la creación de una flota a modo de patrulla que vigilaba supuestamente las costas del cantábrico durante el reinado de Alfonso III (Eduardo Morales). Son solo algunos ejemplos que pueden darnos a entender la relativa paranoia que existió en los primeros años del reino Astur con respecto a los vikingos llegados desde el norte.  

No es descabellado por tanto, que uno de esos asentamientos se estableciera en Cudillero a principios del siglo IX, y permaneciera más o menos ajeno a todo hasta finales del siglo XI. Dejando como herencia en la zona el pixueto, así como una hipotética herencia genetica entre sus gentes. Pues en la zona se "presume" de la particularidad herencia fisiológica de sus habitantes. Encontrándose entre ellos frecuentemente, gentes rubias de ojos azules

Es posible que la causa se deba a los piratas vikingos, quienes dejaron impronta étnica entre los lugareños. O quizás, simplemente y de forma menos romántica. Se deba a la herencia natural de los pueblos de la zona, quienes aun mantienen y conservan la herencia "racial" de las poblaciones indoeuropeas celtas, visigodas o suevas. Todos ellos pueblos de centro y norte de Europa, que llegaron a España en la edad del hierro o alta edad media, asentándose en las distintas zonas que la actual provincia de Asturias. 

Sea como fuere, y sin pretender demostrar nada con este escrito. Actualmente la leyenda de Cudillero, los vikingos, y sus gentes rubias, es una realidad, que se cuenta, se contó, y se seguirá contando. Tenga base real, sea solo leyenda, o simplemente una bonita historia para contar de padres a hijos entre los habitantes del pueblo. 

Alvar Ordoño.